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Martes 19 de Enero 2010,
La Verdad de Murcia |
Un Tesoro Fenicio en la Manga del Mar Menor
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Hallan el casco de un navío del siglo VII antes de Cristo y parte de su carga de marfil y cerámica.
Arqueólogos de todo el mundo rescatan uno de los tesoros más importantes de la parte occidental del Mediterráneo
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Sepultado bajo rocas y arena, respetado por temporales y naufragios, ajeno al desenfreno urbanístico desatado a pocos metros en las últimas décadas, y apenas maltrecho por la mano del expolio, un tesoro fenicio de valor incalculable ha permanecido sumergido durante siglos frente a la costa de La Manga.
Ahora, más de 2.600 años después, arqueólogos de once países están sacando a la luz esas riquezas ocultas en la costa de la Región de Murcia. Y no dejan de asombrarse con las maravillas de esa civilización perdida que guarda el yacimiento del Bajo de la Campana: un barco comercial con una carga de colmillos de marfil de elefantes africanos, ámbar y cuantiosas piezas de cerámica.
Los arqueólogos tienen el apoyo del Gobierno a través del personal y las instalaciones del Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena (Arqua) y de la Comunidad Autónoma de Murcia mediante los permisos de excavación de la Consejería de Cultura.
Las tareas en el entorno de Isla Grosa y la isla de El Farallón, que están protegidas por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil y la Capitanía Marítima, se han llevado a cabo hasta ahora en tres fases durante los últimos tres veranos. En junio, julio y agosto, profesionales y estudiantes de España, Estados Unidos, Turquía, Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Grecia, Suecia, Francia, Holanda e Italia han extraído 1.400 piezas y fragmentos depositados en el fondo marino por el hundimiento del navío.
Además, en la última campaña de prospecciones los arqueólogos encontraron un fragmento significativo de la madera del casco de la nave, que datan del siglo VII Antes de Cristo (A. C.), en concreto entre el año 620 y el 600 A. C. Su objetivo es ponerlo al descubierto de forma íntegra el próximo verano para estabilizarlo y en su caso trasladarlo a tierra.
En relación con la carga, el Museo Arqua custodia ya en sus almacenes tanto materias primas, como cerámica, elementos suntuarios (de lujo) y alimentos. Los arqueólogos tienen ya más de una decena de colmillos de marfil de 70 a 150 centímetros de longitud procedentes de elefantes del norte de África ya extinguidos, con inscripciones en alfabeto fenicio; y más de 200 lingotes de estaño, muchos lingotes de cobre y piedras de galerna (plata y plomo).
El navío habría salido del importante puerto de Cádiz, adonde habría llegado la mercancía: el marfil desde el asentamiento norteafricano de Lixus, el ámbar desde la zona de Lituania o Polonia, el estaño de Orense por la Ruta de la Plata (por Extremadura) y las cerámicas desde Málaga y la propia Cádiz.
El destino del barco, al que nunca llegó, habría sido el poblado de La Fonteta (Guardamar, Alicante) para aprovisionar a un taller y algún príncipe local. Otras conjeturas apuntan a una misión comercial con puerto final en Cartago (en la actual Túnez) o Fenicia (Líbano).
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